miércoles, 16 de marzo de 2016

Mi casa

Por circunstancias de la vida tuve que mudarme muchas veces. 
Cuando llego a un sitio nuevo me gusta ir corriendo a verlo todo, luego me voy deteniendo rincón por rincón para intentar retener lo máximo posible en mi memoria.
Mudarse casi siempre es divertido, vida nueva, calles nuevas, olores nuevos, lo nuevo... a veces tienes suerte de encontrarte objetos perdidos u olvidados de los antiguos inquilinos. 

Pero cuando te das cuenta de que también vas dejando un poco de alma en las paredes de la casa que abandonas, deja de divertirte, antes de cerrar la puerta por última vez, intentas dejar allí algo para que la casa te recuerde a ti, un pequeño dibujo en la pared, o un trocito de papel con algo escrito debajo de la losa de la cocina.

En mi casa, en todas las que fueron mi casa, no hubo ni un rincón donde no hubiese un "adorno" algo que la hiciera más mía, más especial, más única. Con cada casa nueva llegaban nuevas cosas, porque como dicen por ahí, las cosas viejas traen desgracias.

Un día en la escuela de arte aprendí el concepto de "horror vacui", me quedé pensando y poco a poco los susuwatari se fueron llevando todo lo que estuvo de más, incluso los miedos y las dudas.

Yo sigo coleccionando la vista de mis ventanas, pero me mude donde me mude, se muy bien dónde está mi casa.




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